En los últimos años, los microplásticos han pasado de ser una preocupación ambiental a convertirse en un tema clave para la seguridad alimentaria. Diversos estudios científicos han confirmado la presencia de partículas plásticas microscópicas en alimentos de consumo diario como agua embotellada, mariscos, sal, miel e incluso frutas y verduras. Esta situación ha generado inquietud entre consumidores, autoridades sanitarias e industrias alimentarias, especialmente en países como Panamá, donde el manejo de residuos plásticos aún representa un reto.
¿Qué son los microplásticos?
Los microplásticos son partículas de plástico de tamaño menor a 5 milímetros, que pueden provenir de la degradación de envases, bolsas, textiles sintéticos, cosméticos y otros productos. Se clasifican en dos tipos principales:
- Primarios: ya son microscópicos desde su origen, como los usados en exfoliantes o productos de limpieza industrial.
- Secundarios: resultan de la fragmentación de plásticos más grandes por acción del sol, el agua, el viento o el paso del tiempo.
Estas partículas ingresan al ambiente, contaminan aguas superficiales, océanos y suelos, y eventualmente pueden terminar en los alimentos que consumimos.
¿Cómo llegan los microplásticos a los alimentos?
Existen varias rutas por las cuales los microplásticos pueden entrar a la cadena alimentaria:
- Contaminación marina: peces, moluscos y crustáceos pueden ingerir microplásticos presentes en los océanos. Cuando estos son consumidos por humanos, las partículas llegan directamente al cuerpo.
- Agua potable y embotellada: estudios como el realizado por Orb Media y la Universidad Estatal de Nueva York (2018) encontraron microplásticos en más del 90% de las muestras de agua embotellada analizadas.
- Sal de mesa: la sal marina, al ser extraída de aguas contaminadas, puede contener residuos plásticos. Investigaciones de la Universidad de Corea (2017) detectaron partículas plásticas en el 90% de las marcas estudiadas.
- Agricultura: el uso de plásticos en cultivos (como acolchados plásticos, envases de pesticidas o fertilizantes) también puede contaminar suelos. Estas partículas pueden ser absorbidas por raíces o adherirse a frutas y verduras, según estudios del Instituto Federal Alemán para la Evaluación de Riesgos (BfR).
Riesgos para la salud humana
Aunque la investigación aún está en curso, organismos como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han alertado sobre la necesidad de evaluar el impacto de la exposición crónica a microplásticos.
Entre los riesgos potenciales identificados se encuentran:
- Inflamación intestinal y estrés oxidativo: partículas pequeñas pueden atravesar la barrera intestinal, provocar respuestas inmunológicas o acumularse en órganos.
- Liberación de aditivos tóxicos: algunos microplásticos contienen ftalatos, bisfenol A (BPA) y metales pesados, que son disruptores endocrinos y potencialmente cancerígenos.
- Transporte de patógenos: los microplásticos pueden actuar como vectores para bacterias resistentes o virus.
Hasta ahora, no hay un umbral seguro establecido para su consumo, y los expertos recomiendan aplicar el principio de precaución mientras se generan más evidencias.
Regulaciones y vigilancia en Panamá y Latinoamérica
En la región, el enfoque normativo se ha centrado más en la reducción del plástico de un solo uso que en la regulación específica de microplásticos en alimentos. En Panamá, por ejemplo, la Ley 1 de 2018 prohíbe las bolsas plásticas en supermercados y comercios, como parte de una política de sostenibilidad, pero aún no existe legislación específica sobre límites máximos de microplásticos en alimentos.
¿Qué pueden hacer las empresas del sector alimentario?
Frente a este desafío, las industrias alimentarias deben prepararse adoptando prácticas de mitigación y vigilancia, tales como:
- Uso de empaques biodegradables o compostables para reducir el riesgo de contaminación secundaria.
- Auditorías de proveedores de materias primas que garanticen ausencia de contaminación cruzada.
- Implementación de controles de calidad internos para detectar partículas extrañas.
- Capacitación al personal de producción y calidad sobre los riesgos asociados.
En productos de exportación, demostrar ausencia de microplásticos podría convertirse en una ventaja competitiva.
Recomendaciones generales
- Mantente actualizado sobre los estudios científicos más relevantes y las guías emergentes de la FAO, EFSA y OMS.
- Evalúa si tus procesos incluyen puntos críticos donde el plástico puede contaminar el producto.
- Educa a tus consumidores sobre el uso responsable del plástico y la separación de residuos en el hogar.